Tengo que darte una mala noticia

 

Hoy te has vuelto a levantar y lo primero que has hecho es coger el teléfono móvil. Ni siquiera te has dado un segundo de agradecimiento por un nuevo día. Inmediatamente después te has puesto a ver las notificaciones o qué cosas han publicado mientras dormías. Tu mente se va acelerando poco a poco. Anoche pensaste por enésima vez que no se puede ir corriendo por la vida a ninguna parte. Sabes que hay algo más y que tienes que frenar. Te prometes una y otra vez cambiar pero lo vas aplazando en el tiempo.

 

El desayuno no es mejor. Te calientas un café y devoras media tostada. Han pasado muchos años desde que saboreaste por última vez un desayuno. Nadie se mira a las caras. Todos están hipnotizadas por esa pantalla de 5 pulgadas como si fuese la luz celestial. Incluso los comentarios que se hacen, son sin mirarse a la cara. La pantalla de ese móvil es más sagrada que esa persona que está sentada a tu lado. La mala noticia es que no eres tú, son todos y nadie parece querer hacer otra cosa.

 

Sales corriendo de casa. Te diriges a ese trabajo de mierda, con sueldos y horarios de mierda. Vas en el coche, el metro o el autobús y no puedes evitar acelerarte todavía más. Piensas ¡pero qué horrorosa sociedad hemos construido! Pero vas a llegar tarde al trabajo y no piensas en nada más ni en qué momento esta sociedad se empezó a ir al borde del precipicio.

 

La mañana no es mucho mejor. No soportas a tu jefe que solo entiende de números pero olvida algo importante: todos los números tienen un contexto pero a él solo le interesa cuadrar los números a cañonazos. Da igual cuál sea tu trabajo que siempre hay un número. Contabilidad, número de productos de limpieza que usas, minutos que tardas en arreglar la habitación de un hotel, ventas que realizas… Números, malditos números que deshumanizan todo aquello que tocan.

 

Llega el descanso y probablemente estás desayunando con un compañero que medio soportas. Os pasáis los 20 minutos hablando de números que no cuadran.  Más leña a la rueda tóxica que echó a rodar desde que te levantaste y te pusiste a ver el móvil.

 

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El día es largo. Prisas, gritos, reclamaciones, impaciencias, incivismo… todos parecen andar metidos en la misma rueda. Si pudieras ver la energía, verías una auténtica tela de araña tóxica de energías que van de uno a otro. A las 8 de la tarde tu convencimiento de que la vida es una mierda no te lo quita nadie.

 

Llega la hora de la cena. Plato, tenedor, cuchara del postre, vaso y el móvil. ¿En qué orden se ponen? Eso no te lo enseñaron en esa infancia lejana y tranquila que queda en los recuerdos. Te comes ese filete que no sabe a nada y que solo sabes que es de pollo por la forma que tiene. 

 

Vas al baño antes de acostarte. Te miras al espejo y el reflejo no te gusta. Hay una cana más o un pelo menos. No falla, es matemática pura. Malditos números. Sacas la báscula y más de lo mismo. Malditos números. Te lavas los dientes sin saber siquiera lo que haces. A esas horas de la noche, solo estás convencido de que esta sociedad va a explotar y que así no podemos seguir. Pero no tienes tiempo para pensar en nada más.

 

darte una mala noticia

 

Te tumbas en la cama. El día empieza como terminó, con el móvil en la mano. Hay que alimentar a esa parte del cerebro que demanda noticias y toneladas de basura. Esa parte del cerebro que nunca se agota de ingerir toneladas de basura tóxica.

 

Antes de quedarte dormido diversos pensamientos te visitan. Piensas que al menos tienes trabajo. Otros tienen que pasar por el suplicio de sentirse desechos de la sociedad que nadie quiere porque son o muy mayores o muy jóvenes. No es lo que piensas, es lo que ellos mismos te cuentan. Piensas que hay trabajos peores. Hay amigos camareros, limpiadores y cocineros que te aseguran que eres un afortunado y que ellos hacen los trabajos más duros y peor pagados de la sociedad. Esos trabajos que no te dejan tiempo libre para nada ni para nadie. Y probablemente tienen toda la razón. Pero tú piensas, como todos, que lo peor siempre es lo tuyo.

 

Te vas quedando dormido. La esperanza intenta asomarse por primera vez desde lo profundo de tu mente. Pero tú ya no tienes tiempo para escucharla y el sueño te va venciendo. Crees recordar esos tiempos en los que se saboreaba la vida, se hablaba con la gente, disfrutabas con tu pareja del regalo diario de compartir el tiempo, los tomates sabían a tomates, todo era más fácil y sencillo. Esos tiempos en los que la mayoría de la gente era buena y los malos eran pocos y señalados con el dedo. Hoy los malos te señalan con el dedo porque eres una víctima con la que acabar. Te vienen al recuerdo la melodía de las risas, de las tertulias con una taza de café. Lo habías olvidado por completo pero de pronto recuerdas que antes la gente sin móvil se comunicaba y hablaba más que hoy en día.

 

Estás casi dormido. La esperanza ha intentado ponerse en contacto contigo pero estás tan cansado que siquiera te has dado cuenta. Quedan menos de 8 horas para que vuelva a sonar el despertador. Porque sí, también recuerdas que antes el telediario terminaba a las 9 de la noche y a las 11 estabas en la cama. Hoy a las 11 empiezas a ver tu serie o programa preferido y por tanto te acuestas más tarde y duermes menos.

 

esperanzas

 

Dicen que a esto lo llaman progreso y piensas en qué momento se torció todo. Pero tú ya no tienes respuestas. Te acabas de quedar dormido. Y lo que sueñas no es mejor. Es un fiel reflejo de lo que has vivido en todo el día. En definitiva, acabas de cerrar otro ciclo de 24 horas lleno de mierda, de toxicidad, de desesperanza, de correr como un hámster en la rueda de su jaula.

 

Tengo que darte una mala noticia. ¿Cuántos años tienes? ¿30, 40, 50, 60? Si tienes 40 años han pasado 14610 días desde que naciste. Has tirado a la basura 14.000 días, desperdiciado 600 días y disfrutado solo 10. Te has pegado 14.000 días esperando vivir los momentos inolvidables que has vivido en 10 días.  14.000 días corriendo sin parar, añorando el pasado, despreciando el regalo del presente.

 

Tengo que darte una mala noticia. Esos días no van a volver. Ayer no va a volver. Hoy ya se ha ido y no va a volver. Mañana vendrá y se irá y no volverá. ¿En qué momento vas a parar y decidir vivir cada día? Decidir lo que vas a vivir junto a quien está en tu vida. Decidir cómo quieres sentirte y no dejar que sean otros los que decidan cómo te tienes que sentir.

 

Tengo que darte una mala noticia. Si vives 90 años, habrás vivido 40.177días. ¿Y sabes qué? Justo en el momento que te vayas, recordarás sólo 17 días. Sólo 17 días de más de 40.000 días. Esos 17 días que fuiste feliz. ¿Y sabes por qué fuiste feliz? Porque te paraste a vivirlo, a compartirlo, a sentirlo y a exprimirlo. Porque preparaste durante muchos días con mucha ilusión cada uno de esos 17 días.

 

Tengo que darte una buena noticia. Ahora, aquí, justo en este momento tienes una nueva oportunidad. La oportunidad de seguir girando en la rueda de tu jaula comiendo toneladas de basura tóxica que te va a llegar por todos lados. Y también tienes la oportunidad de dar gracias a la vida, de valorar a quien tienes en tu vida, de amar, de reír, de ilusionarte, de tener esperanzas, de creer, de ser, de construir, de mejorar… DE VIVIR.

 

vivir la vida

 

Tengo que darte una buena noticia.

TÚ DECIDES CÓMO QUIERES QUE SEA TU DÍA.

OTROS YA NO PUEDEN DECIDIR.

Que no te roben la ilusión de vivir. 

 

FELIZ MOMENTO CÓSMICOS.

 

 

Os espero a la luz de las velas y de las estrellas

 

 

Sergio

 

 

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2 commentarios

Chus · 20 diciembre, 2017 a las 7:29 pm

Ufff,Sergio k razón llevas,pero algunos si nos paramos a pensar,pero esta sociedad en la ke vivimos como bn dices es una mierda,siempre dige k no viviría solo para trabajar,k trabajaría para vivir,pero difícil hoy,yo soy de lado vivo , acelerada,no miro a mi pareja pork no la tengo ni tiempo para ello, trabajo los 30 ,,31 según trae el mes k es peor no tener descanso, de lunes a viernes en un sitio y de viernes por la tarde , sábado y domingo en otro ,para sacar un sueldo digno,pero es lo k hay,,ojalá pudiera disfrutar de tiempo ,aunke cuando puedo me voy al monte y eso k vivo e un pueblo cerca de Madrid ,zona norte, y sabes disfruto ese ratito,k me llena de energía pura,bno no te cuento me , bss y feliz tarde noche como bn dices a descansar k hay k madrugar,😘

    Sergio · 25 diciembre, 2017 a las 12:54 pm

    Gracias Chus por tu comentario. Hay que tener en cuenta que necesitas descansos porque la salud no tiene precio! A veces cuando no nos paramos por nosotros mismos, la vida acaba por pararnos de manera obligada.

    Que disfrutes de estos días Chus. Feliz Navidad!!

¿Y tú, qué opinas?

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