Hola Cósmicos, ¿cómo os va la vida?

En esta entrada de hoy, quiero compartir con vosotros cómo viví las señales del tema que nos ocupa a todos este año 2020. Es algo largo de contar y me encantaría que me acompañes en la lectura. Ah, y no voy a decir el nombre del maldito bicho porque parece que a G o o g l e no le gusta que un tarotista o un astrólogo escriba sobre este tema. Esta es la libertad del siglo XXI… entre todos la mataron y ella solo se murió. Todos somos responsables de haber creado monstruos que nos dirigen con algoritmos. 

 

A lo importante. 2019 fue un año para mí entretenido, complicado, apasionante, ilusionante y decepcionante. Tuve una colaboración en un proyecto que empezó en 2019 de una manera ilusionante y terminó en 2019 de una manera decepcionante. Como por cierto ya me anunciaron las cartas que yo mismo me eché en 2018. 

 

Ese proyecto me ocupó mucho de mi tiempo diario. Me levantaba cada día muy temprano para empezar. Voy a empezar a comentar las SEÑALES que anunciaban pistas de lo que estamos viviendo este año 2020.

 

Debía ser principios del verano de 2019. Empecé a hacer cosas que no tenían «lógica». Cada día, al abrir las puertas de la comunidad, empecé a hacerlo de manera diferente. La primera puerta en vez de darle al botón que abría la misma, cogía mi llave para abrirla y alzaba la mano a la altura de la cabeza para agarrar del tirador y abrirla. La segunda puerta que se abre con un botón que hay que pulsar, empecé a pulsar dicho botón con la punta de la llave. Después volvía a alzar la mano a la altura de la cabeza para tirar de la puerta. Yo pensaba: «menuda manera de complicarme la vida abriendo así las puertas». 

 

Esto de las puertas fue así desde el verano… y aún no he dejado de hacerlo. Al final lo entenderéis todo. Seguid leyendo conmigo. 

 

 

El verano fue poco tranquilo, terminó y llegó el otoño.  En noviembre empecé a tener sueños horribles. Sería largo de explicar porque tendría que dar muchos detalles. Solo sé que no me gustaba lo que anunciaban. Tenía pocas ganas de cambiar de año e intuía que echaría de menos 2019… a pesar de haber empezado con mucha ilusión y terminado con mucha decepción. Los sueños anunciaban tormenta y de momento solo podía observar.

 

 

La energía se va poniendo tensa y decido dejar las redes sociales: «he visto el futuro y no quiero estar aquí». Fue lo que dije a modo de despedida. En 2020 decidí volver porque sentí que tenía que estar pero eso lo dejaremos para otra historia. Mis visiones anunciaban un contexto doloroso. No puedo decir que vi un maldicho bicho llamado C19 y todo lo que vendría después porque estaría mintiendo. Pero sí que el año 2020 iba a ser doloroso para la sociedad. 

 

En noviembre empecé a hacer compras que parecían no tener lógica. En honor a la verdad, al no tener coche supone que las compras de todo las tenga organizadas. Pero no al punto de ser tan previsor como llegué a ser. Tengo un gato y de pronto me encuentro comprándole comida como si tuviese una colonia felina. Mi sentido común pensaba «son ofertas muy buenas que has encontrado»…

 

Estamos a 31 de diciembre y terminó el día, el mes y el año. En el momento que eso pasa y respiramos el nuevo año ya me hago una idea de cómo van a ir las energías de ese año. Es algo que siempre me ha pasado. Y ahí estaba yo en la madrugada del 1 de enero de 2020… intentando celebrar el año 2020. Intentado porque mi cara era de «Que dios nos coja confesados porque este año no va a ser fácil». La cara de los demás era de va a ser un buen año, es una nueva década, 20 y 20 me gusta… A mí me tocó el papel de aguar la fiesta: «no es algo personal pero siento que van a ocurrir muchas cosas a nivel social y no me gusta». 

 

No quise hacer ninguna tirada de Predicciones para 2020. Ni tenía tiempo, ni más energías para dividirme más en el día, ni ganas, ni me hacía mucha ilusión concretar lo que ya intuía que no iba a ser agradable. Solo sé que 2020 no sería un buen año y que yo no paraba de hacer cosas raras desde el verano de 2019. 

 

 

En enero empecé a comprar medicamentos. Medicamentos que en momentos del año debemos tomar como antihistamínicos, ventolines. Quien bien me conoce, sabe que soy de pisar poco las farmacias y solo cuando es necesario. 

 

En las conversaciones se empieza a hablar de algo muy lejano y que parece exagerado. Yo no le di la menor importancia a esas noticias de China. Entre otras cosas porque estaba centrado en mis consultas de Tarot por email que empecé a retomar con más normalidad, arreglando papeles y más papeles…  Estaba tan centrado en los quehaceres diarios que no me había parado a captar las señales de por qué estaba haciendo esas compras tan raras y por qué leches tenía que abrir las puertas comunitarias de la manera que yo las abría. 

 

Febrero fue el mes de abrir los ojos. Y abrir los ojos supuso tener que prepararme mentalmente para algo que parecía una locura: «Tengo miedo, van a pasar cosas muy malas y tenemos que prepararnos». En otra vida debí ser hormiga y todavía me ha quedado algo de ese carácter. Estamos en febrero, falta casi un mes y medio para el confinamiento y de pronto digo en mi casa: «Tenemos que ir a comprar al supermercado. Y cuando digo comprar, me refiero a comprar comida para todas las semanas que podamos comprar… porque después no vamos a poder comprar con normalidad». Toda la importancia que le había quitado a las noticias que venían de China, de pronto se la di toda. Había que prepararse para lo que venía. 

 

En mi casa empezamos a comprar medicamentos, productos de limpieza, productos de alimentación, productos de higiene como si no pudiésemos salir en 3 meses. Y alcohol para las manos y geles hidroalcohólicos. Lógicamente, expliqué todo lo que estaba sintiendo y qué es lo que creí que iba a pasar: cuarentenas mundiales sin poder salir de casa… es más… «no vamos a salir de casa». Decir esto en febrero  era un auténtico disparate porque nadie estaba en la tesitura de que íbamos a vivir algo así. 

 

El 13 de marzo fue el último día que salimos de casa en MUCHO tiempo. El 14, España estaba confinada. Hay gente que abrió los ojos el mismo día 14 de marzo. Yo empecé a hacer cosas raras en verano de 2019. En ese despertar de febrero me di cuenta que no solo no estaba haciendo cosas raras sino que todo tenía sentido: 

 

  • Empecé a abrir las puertas evitando tocar zonas que todo el mundo toca. Por eso empecé a alzar las manos a la altura de mi cabeza para tirar de la puerta ya que nadie tira así de una puerta. Por eso empecé a darle al botón de apertura con la punta de las llaves. Hoy lo sigo haciendo. Para evitar tocar. Señales.
  • Empecé a observar lo que hacía la gente a la hora de estornudar, toser y manipular cosas que antes otros habían tocado. Porque eso era un aviso de lo que no había que hacer, de lo que había que evitar, de lo que había que cambiar. Eso era un aviso de que venía algo que hoy en este año 2020 todos observamos si alguien lo hace en un espacio público. Señales.
  • Empecé a comprar comida para el gato como si tuviera 10 gatos en vez de uno. Estaba en plan hormiga guardando comida para el gato porque en el futuro no iba a salir con normalidad a poder comprar comida. Señales.
  • Empecé a comprar cremas hidratantes aún no gustándome las cremas. Cremas que en el futuro tuve que empezar a usar porque de tanto alcohol y geles hidroalcohólicos que me echaba en las manos, la piel de mis manos pedían a grito que las hidratara. Señales.
  • Empecé a comprar comida, comida y más comida. Y productos de limpieza, y medicamentos, y productos de higiene, y alcohol, y geles hidroalcohólicos… «Porque no vamos a poder salir de casa con normalidad… porque no vamos a salir de casa». Señales.

 

señales

 

Comprendí que no me había vuelto loco. Que no me había vuelto un comprador compulsivo. Mi interior gritaba por mandarme señales. Comprendí que desde el verano de 2019 yo me estaba preparando sin saberlo para vivir una pandemia en 2020. Estaba llenando toda la despensa como una hormiga para no tener que salir de casa durante semanas. Y así fue. De hecho,  semanas después empecé a comprobar cómo los supermercados estaban arrasados de todas las cosas necesarias.

 

Todo lo que hice sin saber por qué lo hacía es lo que nos permitió prepararnos en mi casa mucho antes que el resto de la población y tener lo suficiente en casa para no tener que salir durante varias semanas. Mi confinamiento fue total. Mi mayor salida era bajar a tirar la basura cada varios días. No uso el coche. Quien lo tenga es probable que lo haya vivido todo más fácil pero para mí ir a comprar con normalidad era casi una excursión en pleno estado de alarma. 

 

Hoy todo tiene sentido. Por eso, si de pronto un día empezáis a tener un run run en vuestra mente, sueños, ideas alocadas, intuiciones, os dais cuenta de algo que parece una locura, hacéis cosas que no son normales… es momento de pararse porque la vida es muy probable que os esté enviando una señal. Y así fue cómo viví yo mis señales antes de la primera tirada. Es solo parte de mi experiencia. Cada uno tendrá la suya. 

 

Sergio Cosmos. 

 

Para pedir tu consulta, pincha aquí o rellena y dale a envíar al siguiente formulario de contacto.

 

 

 

 

 

Categorías: Predicciones

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de la política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies